jueves 1 de octubre de 2009

De Clouthier. A 20 años de su muerte.

Alguna vez mis ideologías fueron muy ortodoxas, y mi escala de valores estaba determinada por el idealismo de las mismas: Religión, Patria y Familia.

En ese órden.

Crecer en una familia tradicionalista de lo que yo llamo "la franja católica", ese "Bible Belt" mexicano que se extiende desde la región de los altos en Jalisco hasta Querétaro, abarcando Guanajuato, Aguascalientes y buena parte de San Luis Potosí implica, en muchos casos, esa ideología.

En la región de Los Altos la Revolución Mexicana pareciera más bien haber sido un accidente social, y la "Reforma Agraria" pareciera tener tanto sentido como la palabra "serendipity".

Somos los hijos de Miramón. Los que no riegan la sangre. Los que extrañan a don Porfirio. Los que hicieron su propia nación dentro de una nación.

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Hay años que marcan la historia de los países. En el caso de México 1988 fue uno de ellos.

Hay.... perdón, había líderes políticos con la suficiente calidad moral como para marcarnos de por vida. Y en 1988 en México había varios: Cuahutémoc Cárdenas, Manuel J. Clouthier, Heberto Castillo y Rosario Ibarra de Piedra.

Para quienes nos tocó vivir ese año, el proceso electoral fue quizá el primer parteaguas para la entrada de la democracia en México. Por primera vez "la dictadura perfecta" encontraba difícil taparle el sol con un dedo a su pueblo.

¿Cómo hacerlo, cuando el ciudadano común ya contaba, en buena medidad, con acceso a televisión por cable y sobre todo a noticieros extranjeros que mostraban abiertamente todo aquéllo que el gobierno trataba de ocultar?

No más "Zabludovsky dixit...". De repente, los medios de comunicación se permitían el lujo de invitar a los candidatos de oposición.

Crecer en este país, bajo la dictadura priísta, pero sobre todo, en la debacle de la misma, te hacía sentir impotente. No bastaba con que se nos catalogara a nivel mundial como país del Tercer Mundo, no.

Eras un ciudadano de segunda en tu propio país. Atrapado en la maraña burocrática de un gobierno en total estado de descomposición. Todos éramos un Josef K en potencia, en una realidad más kafkiana que ni el mismo autor de "El Proceso" hubiera podido concebir.

Y todo eso hacía que me cuestionara realmente qué era "mi" país.

Y en esa realidad kafkiana, en que yo me angustiaba ante la crudeza de saber que no podría estudiar carrera universitaria por falta de recursos económicos, se abría la posibilidad de simplemente largarte del país. Pero cuando tu escala de valores te dicta que la patria está por encima de los intereses personales, lo único que me causaba esa idea era la escrupulosa sensación de una actitud cobarde.

¿Cómo dejar a mi país, cuando hay tantos cambios por hacer?

Y, ciertamente, a nivel mundial, se respiraban "vientos de cambio". La Unión Soviética estaba al borde del colapso y de lleno en la perestroika. Cárdenas y Clouthier ofrecían, por primera vez en las elecciones presidenciales de este país, la opción de derrocar a la "dictadura perfecta".


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Nunca me sentí más mexicano que en el cierre de campaña de Clouthier en la Plaza Principal de León. A quienes nos tocó ver a la persona, sabíamos de su compromiso personal para que en este país la democracia fuera una realidad. Para que los políticos fueran realmente servidores públicos. Él mismo había puesto el ejemplo. Se había lanzado a la política y para financiar su campaña, en unos tiempos en que los partidos políticos no recibían dinero del gobierno -al menos no los de oposición-, había vendido buena parte de sus empresas. Aquéllas que mantuvo como patrimonio familiar, se encontraban bajo la lupa del gobierno.

Pero también, curiosamente, esa misma noche, al momento en que todo mundo unió sus manos y alzó sus brazos para entonar el himno nacional, me invadió una enorme vergüenza.

¿Qué es México? ¿Cómo puedo cantar un "himno nacional" de un país que ni siquiera conozco?

Llevaba ya unos años cuestionando esa idea de país que jamás se concretó.

Y esa noche empezé a dejar de creer en muchas cosas. Me di cuenta de que los "ismos" no eran más que barreras que como seres humanos nos imponemos. Que nos limitan. Que nos hacen despreciar a aquéllos que no comparten nuestros credo.

¿Y si la frontera de México terminara antes o después... me importaría esa misma gente?

Y aun así, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón me marcó. Para siempre.

Hoy se cumplen 20 años de su extraña muerte.




domingo 13 de septiembre de 2009

Si he de serte sincero, a la fecha lo que menos te perdono es que, cuando aquéllos veranos en que los bosques de California ardían y hacían que la temperatura en Tijuana se elevara de más, me pusieras moñitos en el pelo para que no me diera tanto calor. ¡Claro, si eso de tener rizos a los 2-3 años...!

¿No era más fácil habérmelos cortado? ¿Y por qué después no me dejaban tener el cabello largo?

Si mal no recuerdo, fue a mis 4 años cuando te prohibí, terminantemente, que lo volvieras a hacer. Ah, y que ni si se te ocurriera volver a pedirme que usara pantaloncillos cortos.

¿Cómo podría jugar a ser Mannix o Batman con pantaloncillos cortos? ¿Quién podría tomar en serio a un niño que usa pantaloncillos cortos?

Tú me decías que mi berrinche más grande para contigo fue la vez que se te ocurrió lavar mi frazada, que usaba yo para cubrir mis ojos y que ni el más mínimo destello de luz me distrajera. Y sí, lo recuerdo... llegaste con mi mantilla, a punto yo de dormir, y al ponérmela sobre mis ojos, como antifaz, grité desconcertado:

- ¡Esta no es mi frazada! ¡No huele a mí!

Photobucket

¿Cómo fue que te atreviste a lavarla? ¡Vamos, que yo sé que no conocíamos a Lino ni a los demás personajes de Charly Brown... pero eso no se le hace a un niño!

Y aun no cumplía yo 2 años...

Pero lo resolviste. No sé cómo me dormiste esa noche, mas al siguiente día metiste la mantilla entre mis ropas.

Para la noche, olía a mí. =)



Pero bueno... creo que a lo largo de tu vida me desquité bastante.

Como la vez que, no sé cómo ni porqué, me permitieron ser monaguillo a los 3 años. Y tú te sentías orgullosa al verme con una sotana, mientras que yo me sentía un super-héroe y trataba de robarle el show al padre Marín y a mi hermano 6 años mayor y todo un veterano en esos menesteres.

¡Y lo hice!

Cuando llegó el momento de la consagración, a mi me tocó llevar las vinajeras. Jorge ya me había instruído y hasta habíamos ensayado. Y fue en ese momento, al tomarlas y llevarlas al altar, que me atreví incluso a alzarle la frente al padre Marín, enojón como él solo, y sabía yo que no muy de acuerdo en que me hubieran permitido ser acólito a esa edad.

"In vino veritas, pater..."*

* Léase como la famosa frase de "Hasta la vista, baby...".

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Ok, ya no me "regañes". Ya, ya dejé de reír... ¡en serio! Mi única pregunta es ¿POR QUÉ NO ME DIERON UNA SOTANA DE MI TALLA?

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Me encantaba platicar contigo, y lo sabes. Y lo empezamos a hacer después de la muerte de mi padre y que nos fuimos a vivir a León. Bueno, para un niño de 6 años, el que su madre le pidiera opinión sobre cuestiones personales... me hacías sentir importante para ti.

Gracias.

Después... bueno, pasaron muchos años para volver a reencontrarnos. Y quedarnos hasta las altas horas de la madrugada platicando. O bien, dejarnos cartas debajo de la almohada cuando nos peléabamos.

Fíjate que tuve la suerte de decirte en vida TODO lo que significabas para mi.

Felíz cumpleaños. =)

Donde quiera que estés.

viernes 11 de septiembre de 2009

De la teoría del miedo.

11 de Septiembre, 2001.




martes 8 de septiembre de 2009

De gatos y perros.



Para Ale.


"Las mascotas son amos a quien servir".


¡Pues sí! Por eso no he tenido mascota alguna desde que el Bronci decidió(?) un día no regresar a mi casa. ¡Todo un personaje! Y no era para menos, siendo hijo de "el greñas", perro callejero a quien una media noche se me ocurrió abrirle la puerta de la casa pues, aun cuando su aspecto era totalmente desastroso, su mirada era realmente... caray, a veces parecía hablar con los ojos.

Greñas aprendió el truco. Se escondía todo el día detrás del sillón y en las noches salía a... "vagabundear", ¿qué más?.

Vamos, que era un auténtico hijo de perra y garañón a más no poder.

Al tercer día "nos descubrieron", y mi tía Maye se dió a la tarea de "raparlo". A los 3 meses era un perro realmente bonito. Cruza de maltés, color arena y pelaje semi-largo, un tanto quebrado o rizado; y con la habilidad suficiente para brincar la reja y largarse la noche entera.

Una mañana apareció muerto. Envenenado.

Pero claro, amén de perpetuarse en cuanta hembra vecina pudo, lo hizo también con "la daisy", cocker esquizofrénica que mi hermano mayor había comprado para suplir a "el boogie", hijo de "la peggy", perra muy bonita y, de hecho, la primer mascota que hubo en mi casa porque... un día le abrí la puerta.

Así pues, "greñas" y "daisy" tuvieron una camada de 8 perritos. Se fueron regalando uno por uno. Pero yo siempre escondía al que, a mi parecer, era "el más cabrón y más bonito".

Y lo bautizé como tál: "Cabrón".

Obvio, a mi madre no le hizo mucha gracia, "aunque la verdad... no te equivocaste con el nombre", me dijo en su momento.

"Cabrón" pasó a ser ""Bron".

A mi me botaba de risa que mi mamá, durante varios días, cuando "Bron" ya pudo salir a la calle en las mañanas, le llamara a meterse a la casa, gritando:

- ¡Bron! ¡Ven acá, Bron!

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"Bron" pasó a ser "Bronci" (cabroncito, de cariño), lo cual hizo muy felíz a mi mamá... y a los vecinos, creo.

Y fue mi última mascota.


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Anoche, un tanto extrañado de que fueran ya las 9:15pm y José María no llegara a la casa, salí a asomarme a la calle. En frente, veo a Carlitos, su mejor amigo, quien se asomaba por la ventana del segundo piso de su casa, y le pregunto por JM.

- ¡Allá está! - me dice señalado hacia la casa de otro vecino.

Y sí, allá estaba JM. Parado frente a la casa. Quieto, con una mirada triste y sosteniendo una caja.

Me acerco, y le pregunto qué pasó. Baja la mirada hacia la caja y me dice:

- No tiene casa...

Abro la caja y veo un gatito. Y al lado un platito con leche y croquetas.

- ¿Y qué haces afuera de esta casa?
- Es que he visto que tienen gatos y estoy esperando a que lleguen... igual y lo adoptan...

Había súplica en la mirada de JM. Tristeza, angustia, impotencia...

- ¿Y de dónde sacaste la comida para el gato?
- Se la compramos entre todos (sus amigos) y Eber nos regaló tantita leche.

- José María... ¿cuánto tiempo llevas aquí afuera esperando?
- ... como una hora o más... no sé.

Mantengo mi semblante serio.

- Voy a la tienda. ¿Vas a querer algo para cenar?
- ...gracias, ya tengo mi cereal.

Al llegar a la tiendita, le pregunto a Eber hacía cuánto que JM y sus amigos habían ido a comprarle comida para el gato.

- Uh... hace como 2 horas. ¿Por? -

Y lo pongo al tanto. "Ay, ese chamaco..." dice sonriendo Eber.

De regreso, platico con JM, quien renuentemente deja la cajita frente a la puerta de la casa.

...


Hoy, temprano, los vecinos le devolvieron el gato a JM, a quien por unos minutos se le partió el corazón. Me costó otros tantos convencerlo de que los gatos, por naturaleza, se saben cuidar bastante bien, aun cuando cachorros.

El gato estará en su caja hasta después de la hora de la comida, en que JM pueda ver si uno de sus amigos se lo queda. De lo contrario, tendrá que dejarlo libre.

Ya eligirá él en dónde.

- ¿Y es cierto que tienen 9 vidas, papá?

Y le muestro cierto blog sobre el güero, otro gato, que al parecer es güera.

JM está tranquilo =)

lunes 7 de septiembre de 2009

De la fragmentación radial

- Oye, una amiga con la que ando saliendo me comentó que traen no sé qué relajos con su sistema. Y le pasé tus datos - me dice "C".
- Ya, ¿y de qué sistema o tipo de empresa o qué? - le pregunto.

- No sé, es un rollo de la O.N.U. o algo así.
- Ok.

Y ciertamente me llamó. Ella (llamémosla "X") tampoco sabía exactamente qué tipo de problema, simplemente que como empresa estaban creciendo mucho y necesitaban actualizar su sistema, pero que "Y", la persona encargada de sistemas, me podría detallar más. Así que quedamos de vernos.

Llego puntual y me recibe "X". La oficina es realmente una casa en una buena zona de la ciudad. Pequeña, de 2 pisos. La planta baja está acondicionada como una especie de sala de juntas. Me llama la atención la manera tan desenfadada en que "X" me platica y termina con un helado al mismo tiempo.

- Me decía "C" que al parecer uds. tienen relación con la O.N.U. o algo así...
- Ah, lo que pasa es que "Y" trabaja en la FAO también, y obvio, conoce mucho del "know-how". De hecho nuestra empresa está enfocada a la superación personal.

- ... qué interesante.
- Sí... oye, ¿¿no gustas un poco de helado??
- ... no, gracias. - Y le sonrío.

Y por fin llega "Y". Muy amablemente "X" se retira al segundo piso y nos deja a "Y" y a mi. No voy a mentir, pero me choca esa mirada escrutadora disfrazada de sonrisa mientras te preguntan "qué haces", "a qué te dedicas", etc. Así que contesto lo mínimo, devolviendo la mirada y sonrisa.

- Pues mira - me dice "Y" -, somos una empresa dedicada a ayudar a la gente. Hemos desarrollado un sistema que le permite a la gente sacar su máximo potencial y, desde luego, la cuestión económica es primordial.
- Ya... me comentaba "X" que tienen problemas con su sistema o algo así. (Digo, para eso me llamaron, ¿no?)

- ¡Ah, sí! Lo que pasa es que necesitamos terminar unos módulos del mismo. Y la verdad, nos está comiendo el tiempo. Déjame te platico sobre nuestro sistema, y me refiero no sólo al desarrollo de software sino a nuestro método de ayuda a la gente. Verás...

Y se soltó platicándome las bondades de su "sistema de autoayuda". La importancia de

- ...compartir, pues si te fijas, los multimillonarios se embarcan en empresas altruistas. No todo debe ser egoísmo... quizá tú tengas la idea de, no sé, tener la capacidad de poder hacer donaciones a instituciones de beneficiencia... pues bien, ¡ahora lo podrías hacer! Pues, como ves, tus 400 pesos originales ya te están redituando 3,200 mensuales.... ¡o incluso más! si es que abres tú mismo otro set de personas... y como ves, sería un sistema, me refiero a la parte de software, para llevar el control de los "sets de socios".

Sonrío. La idea es tan bonita. Juntas un grupo de amigos o conocidos como si armaras una tanda. Pero aquí todos reciben al mismo tiempo, no hay que esperar a que le des la vuelta... siempre y cuando tú jales a 4 más y a su vez cada uno de ellos a 4 más.

- Y aquí, lo mejor de todo, es que se exponencía. Si usáramos términos matemáticos, ¡yo le llamaría a eso "fragmentación radial"! - y sonríe complacido ante la grandilocuencia fonética de sus palabras. ¡Casi diría que escuché fanfarrias!

Sonrío nuevamente. La verdad es que estoy a punto de soltar la carcajada y dejar el lugar. Pero le sigo el juego.

"Fragmentación Radial", pienso. Y se me viene a la mente un átomo en explosión, expandiendo energía. Pero creo que "Y" debe de saber que un átomo no puede replicarse a sí mismo. Y que en esa "fragmentación radial" que él dice, se produce un efecto llamado "radiación".

Bueno, no creo que lo sepa en esos términos. Así que me voy por lo mundano:

- Ya... oye y, por ejemplo, de mis donaciones, ¿quién expide el recibo fiscal a la institución que yo eligiera?
- Eh... bueno, nosotros. ¡Pero si lo necesitas nosotros te expedimos un recibo a ti!

- Y en ese caso poder hacerlo yo deducible, ¿no?
- Eh... sí, sí.

- Ok, entonces me imagino que ustedes estarán registrados como empresa altruista y demás.
- .....

- Mira, me queda claro que es un esquema de pirámide. Y la verdad, no tengo yo porqué dudar de que realmente estén uds. ayudando a la gente o ella ayudándose a sí misma... a través de ustedes, claro. Pero sabemos que eso tiene un límite. Llega el momento en que esa "fragmentación radial" se vuelve una implosión... un agujero negro. Pero bueno, estamos aquí para ver lo del sistema. Así que, te repito, yo como empresa de asesoría y software, ¿en qué te puedo ayudar?

El resto de la plática careció de entusiamo por parte de "Y". Quien trataba de explicarme más o menos qué quería sin saber él mismo lo que quería... Sí, hablamos de lenguajes de desarrollo, bases de datos, etc...

- ¿Sabes qué? Yo creo que necesitamos volver a juntarnos. La verdad, como te decía, tengo que salir al D.F. ¡Pero yo te marco!
- Sí, claro. Te entiendo.


Eso fue hace 21 días o más... Aún no me ha llamado. ¡En fin!





viernes 24 de julio de 2009

De la miseria humana.

¿Cuántos pecados puede soportar mi carne
antes de que se pudra mi alma?

¿Cuántas miserias tiene que arrastrar mi cuerpo?

(Fragmento) de la serie "Gritos" de Ellerique.


miseria.

(Del lat. miserĭa).

1. f. Desgracia, trabajo, infortunio.

2. f. Estrechez, falta de lo necesario para el sustento o para otra cosa, pobreza extremada.

3. f. Avaricia, mezquindad y demasiada parsimonia.

4. f. Plaga pedicular, producida de ordinario por el sumo desaseo de quien la padece.

5. f. coloq. Cantidad insignificante. Me envió una miseria.

comerse alguien de ~.

1. loc. verb. coloq. Padecer gran pobreza y vivir miserablemente.




A veces pienso (en verdad, me esfuerzo a ello) que el ser humano, sobre todo aquí y ahora, en esta sociedad y en estos tiempos, tiende a la miseria más que nunca.

Es un ser miserable.

Si antes era una situación impuesta, ahora es una opción cómoda.

Y de alguna manera, trata de justificar su miseria en la culpa ajena. Se emborracha de nostalgia y melancolía. Y se indigesta de monotonía y rutinas.

Y busca a sus pares... (misery loves company).

Yo mismo a veces me revuelco entre miseria y rebeldía.

Mentiría si digo que no disfruto la miseria, a veces. Mentiría si negara que muchas tardes veo al sol ocultarse mientras le agradezco su miserable partida.

Y ya de noche, soy el primero en escupirme a la cara, al tiempo que de nuevo empieza "la eterna batalla" entre lo que soy, lo que quisiera ser y, ciertamente, lo que no soy y nunca seré.

"El querer nos pertenece, mas no el poder obrar".
Agustín de Hipona

A veces me causa verdadera angustia y náusea el ver y sentir tanta miseria. En las instituciones políticas y religiosas; en los medios, en la sociedad, en el sistema educativo, en... uno mismo.

Y ante la miseria, ¿qué nos queda? ¿Misericordia?


Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine

Agnus Dei qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis

Miseria. Miserere...
Consuelo de jodidos, Dios me perdone.

Hay tanta miseria confundida de humildad en esa oración, que jamás nadie ha escuchado a Dios responder desde los cielos Ego te absolvo a pecatta tuis...

No sé porqué, llámenme loco, lo que sí escucho decirle es Miserable, ¿qué has hecho de ti y de los tuyos?

Pero ciertamente, mi idea de Dios nada tiene qué ver con el concepto tradicional del viejo barbón, caprichoso, celoso, misógino, andropáusico y colérico del A.T. (De Jesucristo, ya escribiré).

Sólo tengo al Ser Humano. A sus bellas posibilidades y a sus terribles miserias.

¿A Dios? Me lo guardo para mi, gracias. No lo puedo compartir, pues no sé quién, qué o cómo sea.

Sólo lo imagino... y también lo escribiré, sabiendo que estoy muy equivocado.

"Sufro yo tu ausencia, Dios no existente,
pues si Tú existieras, existiría también yo,
de veras".
Miguel de Unamuno




La verdad, me es difícil escribir en un mundo lleno de absurdos. O al menos esa es la percepción que mi pobre cerebro procesa de la "realidad" la mayor parte del tiempo.

Esa es la principal causa de que mis diarios o blogs o cualquier cosa que escriba termine ya sea envuelta en fuego, en la papelera de reciclaje o en borradores.

Y aparte del "absurdo", está la autocrítica.

¡Tantos años, tanta historia, tanta... PENDEJEZ!

Pregúntame. Lo que quieras.

Y me lleva la chingada, que si no le pucheteo a "Publicar entrada", ésta también se va a "borradores".


APARTE ESTOY EMPUTADO PORQUE NO HA LLOVIDO COMO DIOS MANDA.